martes, 15 de enero de 2013

Niño de pelo negro


Apoyo las manos en mis rodillas mientras lloro y me encojo, pienso en lo que ha pasado, sentada en esa silla de plástico incómoda, pienso en como nos conocimos.

Supe de tu dolor la primera vez que te vi, supe que tus ojos habían visto demasiadas  cosas, incluso con cinco años, una corta edad, me di cuenta de eso. Eras un niño de pelo negro, cara pálida y unos ojos marrones cálidos, los  más bonitos que nunca había visto.
Vi como esos ojos tristes subían al coche de policía mientras estaba sentada en la acera frente a tu casa, la misma acera desde la cual siempre te miraba mientras simulaba jugar.

Quería que salieras a jugar, pero siempre te quedabas, sentado delante de esa ventana mirando a la calle de manera triste. Desde ese coche de policía también mirabas fuera.
¿Porque siempre miras con esa tristeza por las ventanas?

Esa fue la última vez que te vi mientras todavía éramos niños, con la misma mirada melancólica de siempre.
Nunca te olvidé. Un pensamiento mío al día, por pequeño que fuera siempre era tuyo.
Pasaban tantos años...y tu recuerdo eran tan vívido que no pensé que fuera a irse nunca.
Recuerdo que miré por la ventana con mis 18 años recién cumplidos, a ver si aparecías, pero solo vi el recuerdo de un niño triste apoyado en la ventana. Quería que volvieras... y era tan raro, ni siquiera sabía como te llamabas pero quería verte una última vez.
Deseaba tanto que volvieras a esa casa y a esa ventana, que fueras algo constante cada vez que abría las cortinas todas las mañanas.

Abro la puerta del instituto, chirría como siempre y yo me encojo de dolor por mis oídos, entro en clase y espero a que otro día pase.
En algún momento miro por la ventana y veo una sombra en la acera, mirando al edificio gris que es mi instituto. Tengo una sensación extraña, ni siquiera me atrevo a seguir mirando, así que simplemente aparto la mirada nerviosa.
Cuando vuelvo a mirar, ya no está.
Esto sigue pasando días, días y comienzan a parecer meses...
Comienzo a buscar esa sombra cuando salgo, pero nunca la encuentro.

Finalmente, un día aparece, y nunca podré olvidar el día en que te volví a ver.... me bastó una mirada para saber que eras tú.
Tu pelo seguía siendo el mismo, tus ojos seguían siendo marrones y esa mirada era aún más triste aún,¿Como olvidar ese pelo negro? Ninguno es como el tuyo.

Recuerdo la navaja entre su ropas, el cigarro entre tus labios, la moto sobre la que estabas apoyado, la actitud con la que esperabas una pelea, una replica de otras personas para poder empezar a devolver los golpes que la vida te había estado dando desde que tenías cinco años. Nadie se atrevía a acercarse a ti, pase a tu lado, me miraste, yo te miré... la gente me llamaba por mi nombre, me decían que no me acercara a ti.
Demasiado tarde, deseaba estar incluso todavía estar más cerca de ti, y así lo hice.
Tu nunca me harías daño.
Me reconociste y ese fue el momento más perfecto de mi vida, así que me subí detrás de tu moto.
No sabía quien eras, de donde eras, solo sabía que eras el niño que todas las mañanas miraba por la ventana, esperando un poco de felicidad.

Cuando paraste la moto, bajaste y simplemente te miré, tu me besaste.
Como de diferente se ve el mundo cuando tus labios tocan los míos, nada volverá a ser igual si se que esos ojos me miran a mi.
No sabía como te llamabas, pero en ese momento cuando tus manos  tocaron mi piel mi cabeza ni siquiera quiso pensar, reaccionó, se que te había estado esperando a ti, a que volvieras.

Quisiera haberte dicho que te amaba desde que te vi esa mañana cuando ambos teníamos cinco años y nos mirábamos por la ventana, porque ahora se que mirabas a mí.
Quisiera habértelo dicho ese día en que me monté en tu moto, la noche en que me escapé de casa para estar contigo, cuando bebimos cerveza dentro de ese coche abandonado, cuando recorrimos el bosque por la noche, cuando me miraste por primera vez con algo que no fuera hielo en los ojos, cuando me explicaste todo lo que habías sufrido.

Ahora ya nunca podré hacerlo.
Nunca has estado presente en mi vida, pero has sido lo más constante, lo que más me ha dado vida en el mundo, mi recuerdo más valioso, lo que se que nunca se irá.
Mi niño triste de la ventana.

Mis pensamientos vuelven a ser para ti esta noche, lo han sido desde esa llamada que he recibido.
Sentada en esta silla de plástico, con un café en las manos, mi alma esta muriendo, mientras tu lo haces en esa camilla.
Mi alma muere en el momento en que la tuya pasa al otro mundo.
Ahora se tu nombre... y nunca voy a olvidarlo, mi niño de pelo negro.
Nunca volverás a estar triste ni solo, ni nunca volverás a apoyarte en esa ventana.


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